domingo, agosto 7, 2022
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Marina Mariasch: “Todo libro es un acto vanidoso”

Foto: Cris Sille.

Descarnada, libre de victimización y sin mesura, la escritora y poeta Marina Mariasch reconstruye los recuerdos de una vida previa y los retazos de un presente tras el suicidio de su mamá en su última novela “Efectos personales”, un relato que indaga en las diferentes dimensiones de la muerte y la potencia de la red de los vínculos amorosos como pilar para transitar la tragedia.

“No creo que la escritura sea una tarea sanadora o curativa”, dice la autora en diálogo con Télam. Ante una novela sobre el suicidio de una madre, lo esperable es un dramón y estar dispuesto a toparse con una lectura más bien espesa y oscura. Efectos personales bordea otros temas secundarios, como el amor y la familia, pero el suicidio es central porque las personas somos, en mayor o menor medida, morbosas.

Sin embargo, con momentos breves de humor, cierta picardía y una escritura despojada, Mariasch recorre la atmósfera de una vida en la que su mamá estaba viva, relata el día en que supo que ella se había tirado de la ventana de un hotel y también lo que sucede en las cabezas (y los cuerpos) de las personas que componen su familia y se quedan en la Tierra, vivos, tras este suceso que cambia todo.

A través de su voz, la de su hermana Paula y la de sus tías, la poeta y docente reconstruye un presente que fue partido al medio por el rayo de la muerte inesperada. Los efectos personales son los objetos de su madre que le da la policía esa madrugada de abril, pero también son los resabios de vida que quedan y las dimensiones del amor que la salvan.

“Duplicar la carta era casi peor que hacer una bandera con una bombacha sucia y sacarla por la ventana del auto, o mostrarla al frente de una clase. Era lo más íntimo del mundo. Era la condensación del pudor, lo más privado que existía”, describe la autora en un tramo de la novela en el que su padre le pide una copia de la carta de despedida de su mamá.

“Efectos personales” (Emecé) es una historia de auto-ficción, es un relato autobiográfico, tal vez un ensayo biográfico, también una novela con un fuerte discurso poético. No es posible encasillarla y tampoco es algo que la autora quiera. Prefiere las no-etiquetas. Una tarde de junio, Mariasch conversa con Télam sobre las claves de esta novela en un café típico del barrio porteño de Almagro.

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille.

-Télam: ¿Cómo fue el proceso entre el día en que tu mamá se suicidó hasta que terminaste de escribir el libro? ¿Qué preguntas, dudas y emociones implicaron ese tránsito?
-Marina Mariasch: Primero viene la literatura. Escribo hace un tiempo y sobre todo, leo. Antes de escribir, está leer. La muerte de mi mamá, que nunca la enuncio de ese modo porque tampoco la concibo como tal, me parece un episodio que se corre de la muerte en los modos habituales. Fue una irrupción. Una interrupción. Después, la pregunta sería si eso es material literario, material de escritura. Creo que cualquier cosa es material de escritura: cualquier cosa. Un paisaje yermo puede serlo. En principio no me interesan las grandes historias, me interesa el lenguaje. Acá por supuesto hay también un hecho tremendo, dramático, que puede convocar cierto interés a los lectores. No fue la intención, sino más bien fue un desafío poner eso en palabras. El proceso entonces no fue literario, fue vital. En el momento en el que consideré que podía hacer literatura con eso, pude escribirlo. De hecho escribí otras cosas en el medio, no es el primer libro que publico desde ese momento. Publiqué varios libros de poesía, cuentos. Hubo varios intentos de escribir sobre el tema, pero salía de una manera tangencial, sin poder nombrarlo. El trauma en tanto trauma justamente lo es por no poder nombrarse, por no poder pasarse a palabras. En algún momento pude pasarlo, lo cual no quiere decir que esté resuelto ni mucho menos, pero lo pude poner en palabras.

“Puedo decir que no creo en los debates de la literatura del yo, pero que los hay los hay, así que tampoco los voy a negar. Me parece que son debates obsoletos porque siempre hubo literatura del yo y en todo caso toda literatura es literatura del yo”

-T: En una bio breve leí que para vos “el arte no sana, sino que enrarece, enloquece”. ¿Podrías profundizar en esta idea en relación a la novela?
MM: Supongo que puede funcionar así para muchos. Hay mucha gente que te dice que “toda literatura es de autoayuda”. Eso puede aplicar para la lectura, aunque no para toda lectura. Pero no creo que escribir sea una tarea sanadora, curativa. Hay algo de la palabra que por supuesto va por el camino de la cura, pero no necesariamente. Ahora que el libro está en circulación recibo muchos comentarios de gente que me dice “bueno, espero que haber escrito esto te haya hecho bien”. No lo pienso en ese sentido para nada. Escribirlo fue una experiencia muy dura, de volver a un estado de duelo profundo, de estar en una especie de oscuridad total, en una tormenta. Lo escribí durante la cuarentena estricta así que estaba sumida en estas sensaciones, pero creo que si pude escribirlo fue porque estaba preparada para poder enfrentarme a esas sensaciones. No quería dar lástima.

-T: Decís que no creés en los debates en torno a la literatura del yo y hablás de los matices de la experiencia. En este sentido, el suicidio de tu mamá es en la realidad un hecho tremendo, pero es también un material con un potencial enorme para hacer literatura “del yo”. ¿Coincidís con esto?
-MM: Puedo decir que no creo en los debates de la literatura del yo, pero que los hay los hay, así que tampoco los voy a negar. Me parece que son debates obsoletos porque siempre hubo literatura del yo y en todo caso toda literatura es literatura del yo. Trato de pensar cuál sería el problema, en todo caso. Puede haber literatura del yo donde hay una relación más directa con lo biográfico, que puede ser buena o mala. Y también puede haber literatura de mundos inventados, o ciencia ficción, que puede ser pésima, pésima. No hay ninguna garantía. Y también pienso cuál sería el problema, ¿no? Como si fuera una cuestión de narcisismo estar hablando de mí, de mis problemitas, de mi vida, de mis temas. Como si no hubiera tal narcisismo o vanidad en pretender que alguien lea un mundito inventado por uno mismo, en pretender crear un verosímil y que los demás entren en él y compren. En todo caso todo libro es un acto vanidoso y en ese sentido todo libro me da un poco de vergüenza como objeto, si lo pensamos dos veces.

Marina Mariasch: “Me gusta el tipo de literatura donde no hay filtros”

La escritora y poeta Marina Mariasch, en diálogo con Télam, profundizó sobre sus referencias teóricas y literarias a la hora de escribir sobre el suicidio, dio algunos detalles de “La pequeña compañía” (Caleta Olivia), su último libro de poesía, y habló sobre la relación que tiene hoy con el deseo de vida y la posibilidad de la muerte.

-T: ¿Qué escritores y escritoras tuviste como referencia para escribir una novela sobre el suicidio de una madre?
-MM: Cuando escribo hago mucha investigación, literaria y teórica. En este caso leí todo lo que tenía alrededor sobre el suicidio en términos históricos, religiosos y sociológicos. Podés llegar con la pregunta a cualquier lado, por ejemplo, ¿existe el instinto suicida en los bebés? Es como ese desorden… puede ser un poco negro, pero bueno, no me privé de nada. Y por otro lado, en términos literarios me gusta mucho Rachel Cusk, o Annie Ernaux, que escribe de una manera muy descarnada su desesperación por perseguir a un hombre. No sé si es verdad o no, pero me gusta ese tipo de literatura, donde no hay filtro. Me gusta mucho un libro de Renata Adler que se llama “Pitch Dark” (Oscuridad total), una novela de desesperación. Esa desesperación puesta en escena sin frenos, sin pudor y sin guardarse nada. La vida es otra cosa, en la vida una tiene cierta mesura, soy más medida, más adecuada. Pero en la literatura prefiero no tener esa mesura, esos pruritos.

-T: “Efectos Personales” podría ser una novela de auto-ficción, un ensayo autobiográfico, una novela del yo. Es imposible definirlo en una categoría. ¿Cómo pensás esa fluidez entre los géneros?
-MM: Sí, lo fluido de los géneros me interesa incluso más allá de la literatura. Prefiero las no clasificaciones, que creo que tienen que ver con un sistema y no con las cosas o las personas, que en general huyen a las clasificaciones. Y en ese sentido me interesa mucho el discurso poético, y la prosa o la narrativa que está empapada del discurso poético tiene más posibilidades. Más posibilidades en el sentido de que es un discurso menos codificado. Y por otro lado me gusta lo que dijiste del ensayo autobiográfico porque es una idea que me identifica. Me gusta mucho el género en el que escribe Al Álvarez, sin pretensiones de compararme; o Annie Ernaux, que es novelista pero que también trabaja en esos bordes.

-T: En una de las últimas páginas decís que te aburren los mundos inventados, que te interesan las personas. ¿Cómo te pensás a vos misma, como escritora, luego de esta novela?
-MM:
Acabo de sacar, con un par de semanas de diferencia, un libro de poesía que se llama “La pequeña compañía”, que es un poco la contracara de este libro porque reúne muchos poemas míos históricos y también tiene todo un libro nuevo que apunta más que nada a mis hijos, en este momento de la vida donde ya se están abriendo las alas para volar del nido. Es un libro como muy de futuro. Lo presentaron ellos hace poco y estuvo increíble. Y por otro lado ya estoy escribiendo otra novela, porque este (el suicidio de su madre) no es el tema de mi vida. Obviamente es un montón, pero yo tengo dos escritas dos novelas previas que son “El matrimonio” y “Estamos unidas”, donde ya venía trabajando cosas que tienen que ver con la clase social. Con una mirada que busca mostrar ciertas miserias de una manera desnuda o descarnada. Eso me interesa. Ahora estoy escribiendo sobre el robo en la clase alta.

-T: En un tramo de la novela hacés referencia a lo que deja dicho tu mamá antes del suicidio y escribís que “para estar vivo ni siquiera hay que desear estarlo”. ¿Cómo es tu relación con la el deseo de vida y la pulsión de muerte hoy?
-MM: Mi vida es súper privilegiada. Tengo una casa, tengo dos hijos divinos, trabajo más o menos en lo que me gusta. Tengo amigas. Y así y todo, como todas las personas, tengo momentos oscuros donde digo… me quiero matar, no me quiero levantar de la cama. Pero eso nos pasa a todos, a todas, a todes. Quizás estoy más atenta a las fragilidades de los demás. Hay cosas que te imaginás que pueden pasar, que pueden pasar efectivamente. Si veo que alguien está mal, contemplo esta posibilidad como algo concreto. Antes no me lo figuraba, no estaba en mi marco de posibilidades. Y además, como tengo cierta militancia y veo gente que trabaja y se las arregla en condiciones precarias, eso me conecta con la realidad de una manera mucho más concreta y realista.

-T: En el libro hay una doble reconstrucción. Por un lado, el ida y vuelta temporal entre la Marina antes del salto de la madre y la de después. Por otro lado, los detalles y secuencias de los vínculos familiares que afloraron después del suicidio. ¿Pensaste el libro en esos sentidos? ¿Con qué efectos?
-MM: Sí, un poco sí. No tan estructurales porque no pensé la estructura del texto antes de escribirlo, no es que hubo una escaleta o una estructura previa, sino que lo fui escribiendo. En algún momento sí empecé a escribir todo lo de un antes, que se había perdido y que yo tenía muy presente. De un pasado que se destruyó por completo en un día y del cual yo tengo algunas añoranzas, momentos de extrañar algo de esa época que es imposible recuperar. Es una aceptación o resignación, o algo en el medio, donde sé que esto ya no es posible. Y en ese abandono o cambio pueden suceder otras cosas que no necesariamente son negativas. Como por ejemplo esto que me dicen mis amigas, que yo cuento en el libro, que les gusta más cómo soy ahora.

-T: En ningún momento de la historia hay victimización, ni la pregunta ¿por qué se mató? Por el contrario, hay una operación como de despojo o desdramatización. ¿Hubo una búsqueda en este sentido?
-MM: Puede ser. No sé si fue una intención, pero sí creo que la literatura y la vida están hechas de complejidades y de varias facetas. Los personajes, las personas están llenas de contradicciones. No es todo negro o blanco. Estás probándote la ropa de una muerta y de repente te empezás a reír por algo ridículo, cosas así. No sé si traté de que no hubiera victimización porque tampoco lo sentí, me parece que al contrario, siempre tuve la idea de que no era una historia especial, no es algo único, mi cuentito. Es una historia común, por eso también traigo a Marx, que hace una lectura sociológica. Por supuesto que esta historia particular tiene sus características singulares, pero en ningún momento siento que me hace especial o hace especial el caso. Al contrario, me parece que víctimas son quienes no tienen recursos y siguen viviendo a pesar de eso. Me da mucha bronca eso, y es lo que tengo que elaborar. Respecto de tratar de explorar el por qué, o qué podría haber hecho yo, entendí bastante pronto que son preguntas inútiles y traté de no ir por esa vía. Hay algo muy imparable en la potencia de alguien que se quiere quitar la vida.

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille.

-T: En un tramo decís que “la muerte llega como un encuentro inesperado, como el amor”. Esta es una novela sobre la muerte pero también sobre el amor: el de hermanas, el de exmarido y novios, el de amigas. Profundiza en el valor de los lazos ante la tragedia. ¿Cómo se construye una historia con la muerte y el amor como ejes?
-MM: Está buenísimo lo que decís. La muerte y el amor te sorprenden. La sensación de encontrarte con alguien que te flecha, ese flechazo del enamoramiento. Y la muerte, que es un rayo que te parte. Si tengo que decir un por qué, cosa que prefiero no decir, pienso que mi mamá se mata por amor. Como Werther, como Madame Bovary, como Ana Karenina. Todas esas heroínas del siglo XIX. Y me da una bronca tremenda, porque soy feminista y porque algo de ese feminismo lo aprendí de mi mamá, que era una mina de avanzada, con cierta militancia en los 70. Entonces esa contradicción me hace mucho ruido, me enfurece. Me interesaba pensar las formas del amor en esa relación. Pensarme en contrapunto con eso, y como tengo claro, a pesar del sufrimiento por el amor, que se sobrevive. Que se sobrevive a una pérdida amorosa.

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